Las proyecciones del Escenario de Referencia Agroindustrial Argentino al 2023, elaborado por el INAI, abren el debate sobre cómo achicar la brecha entre el potencial del país y los magros resultados que se obtendrían de mantenerse las actuales políticas Noviembre de 2023
El mundo sigue demandando lo que la Argentina produce; el país sigue aprovechando a medias esa oportunidad. No se trata de una profecía sino de lo que muestra el “Escenario de Referencia agroindustrial y mundial argentino al 2023″ (Erama) elaborado por la Fundación INAI.
El trabajo que Nicolás Jorge y Nelson Illescas definen como “un escenario continuación” permite hacer un viaje virtual en el tiempo para verificar qué panorama encontraría el sector en 10 años si se mantuvieran las principales tendencias actuales (macroeconómicas, vigencia de políticas en la Argentina -por caso, la aplicación de derechos de exportación y otras medidas restrictivas para el comercio- y otros países, condiciones meteorológicas normales, acuerdos -y no acuerdos comerciales- internacionales, y desarrollo de infraestructura, entre otros aspectos).
Mientras en 2013 la participación argentina en el comercio mundial de agroalimentos fue de 7,4%, según la proyección, en 2023 treparía a 8,1 por ciento.
Los datos sobre los diferentes productos analizados se suceden (ver infografía en página 7): la producción de porotos de soja aumentaría 17,9%, y sus exportaciones, 43,4%. La producción de carne bovina se incrementaría 8,1% y sus exportaciones, 32,5%, mientras que la carne aviar aumentaría 30,7% y las ventas al exterior, 136,8%.
Pero más allá de los valores absolutos que refleja el trabajo, la gran incógnita es el significado relativo de esas cifras. ¿Es válido inferir que las actuales políticas logran que el país obtenga el máximo beneficio posible?
Marcela Cristini, economista de FIEL, no tiene dudas: “Los resultados de crecimiento lucen limitados respecto del potencial de la Argentina para los próximos 10 años, aun cuando el escenario internacional seguirá estimulando la expansión de los principales proveedores mundiales”.
Según Cristini, “las políticas oficiales se han vuelto un gran escollo para el crecimiento sectorial, han sesgado la producción hacia la soja recortando la producción de trigo y limitando seriamente la producción de carne vacuna”.
Producción estancada
La economista explicó que en los últimos tres años la producción agrícola se estancó en 100 millones de toneladas promedio, mientras el stock bovino descendió a 50 millones de cabezas (de los 60 millones de 2007). “Sobre esta base realista en el corto plazo, el Erama pronostica aumentos modestos cuando se los compara con el potencial de producción que hace tiempo elaboraron diferentes analistas. Por ejemplo, el total de granos y oleaginosos cosechados hacia 2024, sería de 127 millones, es decir un 20% por debajo de los 160 millones potenciales. En carne bovina, los 3 millones de toneladas que se pronostican para 2023, están 25% por debajo de otros pronósticos”.
¿Para qué sirve proyectar un escenario de continuación? Illescas y Jorge, del INAI, dicen que es un recurso útil para identificar oportunidades y amenazas, definir a qué sectores privilegiar, cuáles son los que necesitan apoyo, y si se altera algunas de las variables (por ejemplo eliminar un impuesto que actualmente se aplica o reducir la tasa de crecimiento de China) el trabajo se transforma en una excelente base para otros análisis.
Insisten en señalar que no se trata de un pronóstico, ejercicio en el que las cifras pueden reflejar una buena cuota de voluntarismo, sino de una proyección de datos certeros con lo que buscan generar debates sobre el largo plazo.
Pedir algo más
Al igual que Cristini, Alejandro Sammartino, director de Infortambo, destaca como noticia positiva que el país cuente con un estudio estratégico como el Erama que permite proyectar diferentes escenarios y en base a eso decidir cuáles son las mejores políticas por aplicar.
Según el estudio, en 2023, la producción de leche se incrementaría 27,6% y las exportaciones de lácteos elaborados, 46,8% en el caso de la leche en polvo; 128,2% en el de los quesos y 171,5% las ventas de manteca. ¿Es bueno como porcentaje ese crecimiento para el sector? Sammartino opina que “se puede pedir algo más” y fundamenta sus dichos.
“Entre 1914 y 2013, la producción argentina de leche creció a un ritmo de 2,3 % anual, algo menos del 2,7 que surge de promediar lo que el Erama proyecta para los próximos 10 años. Estaríamos un poquitito por encima de lo que es el crecimiento de los últimos 100 años, cuando se pasó de 1000 millones de litros a 11.000 millones. ¿Esto es mucho, poco o nada? Si tomás la demonizada década del 90, verás que ahí la producción de leche creció 7% promedio. O sea, en esos 10 años creció casi lo mismo que en los anteriores 90″, relata.
¿Qué ocurrió después para que no se sostuvieran esas cifras? “Hay muchas condimentos. Hasta los 90 todo nuestro mercado exterior estaba volcado hacia Brasil porque era el único mercado que no tenía subsidios y teníamos las preferencias del Mercosur. Pero la película de la última década es otra, te encuentra un mundo completamente abierto a los subsidios, y el boom de los precios de los agroalimentos con lo cual deberíamos haber crecido mucho más todavía. ¿Es el 27.6 % una tasa que la Argentina debería considerar muy buena? No. Tendríamos que estar por lo menos al 4,5% anual”, asevera.
Cuando se le pregunta qué debería hacer el país para explotar al máximo su potencial, responde “reveer la política comercial -cuestiones como los ROE, los permisos de exportación y todo lo que distorsiona la operatoria- para aprovechar la demanda mundial de alimentos”. De todas formas, aclara, no alcanza con que el Gobierno abra mercados y genere las condiciones favorables para la exportación, hace falta “mucho trabajo tranqueras adentro”.
“La industria también tiene materias pendientes, hay que encarar un proceso de transformación de la actividad lechera, con tambos más intensivos en el uso de capital y otro tipo de gestión. Hacen falta políticas que ayuden a la reconversión de las empresas agropecuarias. El Estado tiene que dar líneas de crédito y mejorar la infraestructura, y la industria mejorar su competitividad.”
Atrás de Bielorrusia
Ernesto Ambrosetti, economista en Jefe del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina, opina que el resultado que arroja el Erama señala claramente que con las políticas actuales el país no sólo no crece, sino que decrece.
“Pasamos del 3° puesto como exportadores de carne, al 12°. Nos superó Bielorrusia, un país 13 veces más chico que la Argentina. Según el trabajo del INAI, las ventas de carne bovina en 2023 apenas le alcanzarán al país para conservar el 2% de la participación en el mercado mundial, con lo que quedaremos fuera de los 10 primeros exportadores”, detalla.
¿Qué se debería hacer?, preguntó La Nacion. “Recuperar la competitividad perdida a causa de los derechos de exportación, la alta presión fiscal, la inflación y la falta de infraestructura adecuada. Lo primero sería eliminar todas las trabas a la exportación y la importación, porque todos los sectores necesitan tecnología de alta precisión para mejorar su productividad y eso, en la mayoría de los casos, viene de afuera”, responde.
Gustavo Idígoras cree que el Erama incluye una advertencia. “Esa proyección dice: Señores, no pensemos que como muchos auguran la Argentina producirá 160 millones de toneladas de cereales en 2020. Si no se modifican algunas de las políticas públicas actuales -como una fuerte revisión de los derechos diferenciales de exportación que hoy penalizan el valor agregado- y no se invierte en infraestructura, el país crecerá poco”, dice.
El director de la Consultora BIM y ex agregado agrícola ante la UE, enciende una luz de alarma. “Ese crecimiento mínimo que se proyecta a 10 años no implica generar nuevos empleos ni más riqueza. Es mantenernos en la situación actual e incorporar una serie de mejoras en cuanto al rendimiento”, explica.
Como experto en negociaciones internacionales, Idígoras analiza el significado de un escenario de continuidad en el que no se prevé la firma acuerdos. “Si hasta 2023 la Argentina no suscribe un solo acuerdo de libre comercio o asociación estratégica, es probable que se incrementen las restricciones de acceso a otros mercados. Por eso creo que el trabajo del INAI nos invita a pensar en la necesidad de establecer una política comercial agresiva y una política agroalimentaria inteligente que incluya todos los temas: infraestructura, beneficios fiscales, económicos y crediticios, además de una intensa negociación de acuerdos internacionales”.
La mesa está servida y todo indica que en 10 años la Argentina seguiría teniendo muy buenas posibilidades para destacarse en el menú mundial. Las claves para figurar en esa carta se definen, en buena medida, fronteras adentro.
Reunión
Agustín Tejeda, economista jefe de la Fundación INAI, presentó el trabajo durante la I Conferencia Internacional de proyecciones agroindustriales, en la que también expusieron sus informes representantes de la FAO, el Ifpri (International Food Policy Research Institute), USDA (Departamento de Agricultura de EE.UU.) y del gobierno de Brasil..
Por Florencia Carbone | LA NACION




