Las diferencias entre la producción tambera neozelandesa y argentina

El tambo es hoy en día una de las producciones rurales más leales de Argentina, gracias a su capacidad de unificar todos los estratos sociales en una misma actividad

Además de permitir una amplia distribución de ganancias es también fuente de trabajo en toda su cadena productiva. El agregado de valor desde la pasturas y granos hasta la amplia gama de lácteos en góndolas nacionales e incluso internacionales, moviliza a proveedores de todo tipo de insumos desde los agrícolas hasta los industriales, las cadenas de fletes, las industrias lácteas, y toda la línea comercial por la cual tales insumos llegan a nuestros hogares.

Sin embargo, a pasar de movilizar y generar trabajo en toda la cadena de producción, sigue siendo una actividad nunca tenida en cuenta y poco defendida, sostenido esto por las escasas políticas unificadas: los 3 agentes que entran dentro del mercado lácteo -los productores tamberos, el sector industrial y la cadena de comercialización- jamás lograron ponerse de acuerdo en pos de una actividad unificada con el fin de maximizar sus porcentajes de ganancias.

Esto no es así en Nueva Zelanda: allá la estabilidad productiva viene dada por una posibilidad de predicción y planificación permitida por la estabilidad económica, con una inflación que se da en relación al aumento de producto bruto interno nacional, donde las políticas no duran sólo el período electivo sino que aspiran a mediano y largo plazo. En un contexto de esta índole, la sustentabilidad y eficiencia del sistema no es un tema de actualidad sino una exigencia por parte del sector privado, permitiendo funcionar correctamente todo el círculo de control e inspección (que a través de un sistema necesario de sanciones llevan al funcionamiento esperado).

Sin necesidad de profundizar más en una cuestión ya conocida y muy debatida por el sector, mi intención en este artículo es compartir un poco sobre la diferencia de la producción láctea de nuestro país con la de Nueva Zelanda, en donde las reglas de juego permiten de este rubro una industria de la leche con proyección y en donde la sustentabilidad viene de la mano de la eficiencia, logrando así uno de los primeros puestos en producción láctea a nivel mundial.

DESCRIPCION TECNICA Y PRODUCTIVA

En primer lugar, empiezo entonces por hacer una descripción técnica y productiva sobre las grandes diferencias entre los sistemas productivos lecheros argentinos y neozelandeses, teniendo en cuenta la raíz de las diferencias para luego poder entrar en otras discusiones que hacen a la gran ventaja que lleva a los tambos de Nueva Zelanda a poder generarse como empresas de producción láctea que se encuentran entre de las mejores del mundo en cuanto a eficiencia, productividad y sustentabilidad.
Voy a priorizar un gran avance en tecnología de proceso, que es la raíz de la gran diferencia productiva de los tambos de Nueva Zelanda: la estacionalidad de la producción. Esta diferencia que no es más que un replanteo sobre el método productivo que cualquier productor tambero de Argentina tiene al alcance de su tambo. Estoy hablando de un planteo anual, estacional de la producción respetando el ciclo reproductivo de los animales. La estacionalidad del sistema de producción no es más que replicar el de modelo productivo estacional tal cual realiza en los campos de cría de nuestro país.

En Nueva Zelanda los servicios (inseminación artificial/ entorado) se concentran en los meses de octubre, noviembre y diciembre, para que las pariciones comiencen en julio, agosto y septiembre, haciendo con ello que se produzca el máximo requerido en pasturas por parte de la hacienda, la cual se encuentra en gestación del ternero y en plena lactancia, coincidiendo así con la máxima oferta forrajera de primavera. Esta es una de las grandes diferencias que permite a los tambos de Nueva Zelanda no depender directamente de fuentes externas de alimentación balanceada, granos y otros concentrados energéticos o proteicos de gran costo e inestabilidad en sus precios internacionales, permitiendo a la actividad una gran autonomía económica y la ventaja de no depender de factores externos que se desestabilizan año a año. Esta estacionalidad permite -una vez finalizado el ciclo productivo para el mes de mayo- que se dé un descanso a las pasturas y al personal para comenzar a mediados de julio la nueva temporada anual, con el nuevo inicio de las pariciones.

Cuando hablo de planteos a base de pasturas (que en su mayoría son a base de rye grass y no de alfalfa como en Argentina) no podemos dejar de lado la tecnología aplicada a éstas en los sistemas de riego, en las cortinas rompe vientos, los abonos orgánicos provenientes de las fosas de los tambos y las fertilizaciones estrictas a las demandas de cada lote. Otros aspectos que no se puede dejar de tener en cuenta son las matrices rotacionales de lotes (que respetan estrictamente tanto el descanso de las pasturas para su recuperación como la intensidad y volumen -altura- a la cual se someten los diferentes lotes), el correcto distribución de la oferta forrajera mediante alambrado eléctrico y de la medición constante, junto con un registro detallado de la oferta forrajera y en sincronía con la medición exacta, habilitada por la ayuda de los softwares, la medición constante y el registro diario de la demanda alimenticias de la hacienda.

UNA GRAN DIFERENCIA

En segundo lugar, descubrí una gran diferencia a nuestros tambos argentinos, donde se debería dejar de lado la tarea tediosa de medición y registro a confianza del ojo de quien está a cargo tanto de las rotaciones de los lotes o bien del estado corporal de los rodeos, como así de todos los análisis. La eficacia exacta de esta tarea se vuelve importante a la hora de poder cuantificar y diagnosticar a ciencia cierta los parámetros de producción.

Partiendo de este planteo, podríamos modificar todos los parámetros de eficiencia de la producción láctea Argentina, diferente de la que se tiene en Nueva Zelanda: allá la producción de un tambo no viene dada por la explotación y el máximo rendimiento individual por vaca, sino que su eficiencia es dada por la producción láctea por hectárea afectada a la actividad pastoril destinada al tambo.

Considerando que tratamos de una actividad netamente de origen biológico, que depende de variables ambientales y condiciones naturales adversas, las cuales varían de nuestro país a un país con cierta similitud en latitud, como Nueva Zelanda, que posee gran amplitud de condiciones climáticas y suelos como el nuestro, donde la producción se concentra en la zona centro, pero que no deja de tener una amplia diversidad de condiciones de un tambo al tambo de al lado, debemos saber que no hay métodos replicables, ni logaritmos que respondan de la misma manera en diferentes campos.

Con esto quiero decir que solo pueden adaptarse a nuestros sistemas productivos algunas tecnologías de productos, de procesos o bien de instalaciones, aunque no vayan a responder con la misma eficiencia, o bien se pueden adaptar sin la misma expectativa de funcionamiento, en la medida de que la relación de costo-beneficio lo permita (teniendo siempre en cuenta que el precio de la leche, índice base para la ecuación económica del tambo argentino, ayuda una amortización de acuerdo al excedente que logremos con esta innovación). Debemos saber que los servicios que suelen ser precarios, son otro factor limitante en la implementación de nuevas tecnologías, ya sea de la cosecha, de la producción de leche por parte de la industria, sin impedimentos en falta de caminos por malas condiciones o bien los servicios energéticos.

Esta falta de tecnologías de producto, de procesos o de instalaciones, nos lleva a depender en mayor medida de la mano de obra y de personal, que suele no estar capacitada, a gran diferencia que el personal de los tambos de Nueva Zelanda, que a su vez, aumenta el costo de producción debido al salario y las cargas impositivas.

No es un factor negativo, ya que, estamos generando fuente de trabajo, pero que la falta de capacitación, impide al personal realizar tareas múltiples y eficientes.

Esto me llevó a pensar en que la forma de producción argentina tiene una historia relacionada siempre al objetivo de maximizar los escasos recursos para permitir con el menos costo posible, una ecuación que permita un margen, (margen que no deja de ser menor a actividades agrícolas o ganaderas, las cuales también están atadas a variables no controlables como es el precio dolarizado de los insumos y suplementos externos).

VINCULO DIRECTO DEL TAMBERO

Un tercer punto a tener en cuenta, y que puede ser el factor que permitió el éxito del desarrollo tecnológico y productivo de Nueva Zelanda -y que puede en algunos casos diferenciar a los productores tamberos argentinos- es el vínculo directo del productor tambero neozelandés con la actividad cotidiana que demanda el establecimiento. Es el mismo dueño, quien realiza con ayuda de sus contratados, las tareas diarias de alimentación, recolección, asignación, rotación de pasturas, sanidad, limpieza, pariciones, detección de celos, entre otras.

La estrecha relación del dueño con la realidad cotidiana del tambo permite ver las faltas y adversidades, para buscar soluciones concretas a los problemas que se presentan día a día, con la ayuda de un vínculo directo con la industria de desarrollo.

No busco poder replantear, con estas pocas diferencias que logramos percibir, el planteo productivo de los tambos argentino, ni defender que la situación actual de los mismos, es la mejor, de acuerdo a nuestras condiciones económicas y ecológicas. Es importante tener una mirada compleja de nuestra realidad y no tener miedo adaptarnos a nuevas tecnologías productivas, y de proceso, que pueden llegar a hacer más competitiva a la cadena productiva de la leche Argentina.

Autor: Marcos Bonet
Fuente: La Opinión de Rafaela

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